El asesinato de mi sombra
Estaba de viaje con amigos de MeetUp en Madrid. Estaba Vicky, Ángel, Ineke, Javier, y otros más que no recuerdo. Estábamos caminando por un pueblo, y comenzaban a suceder cosas extrañas, inexplicables. Yo agudizaba la percepción, veía mis propias manos y veía más detalle del normal en las lineas de la piel. Me volteé y en voz alta les dije “chicos, un momento por favor, les tengo que decir que estamos soñando!”. Vicky se río, y Ángel, con raciocinio esperado, pensó un momento y dijo “Pero eso no puede ser, en todo caso tú estás soñando con nosotros”.
“Tienes razón”, le dije a Ángel, “y si ustedes son fragmentos de mi imaginación, tal vez los pueda juntar en una sola unidad que se convierta en mi mismo”, les dije. Extendí los brazos como dando un gran abrazo para juntarlos a todos, pero no se colapsaron en uno como yo esperaba. En lugar de ello me vieron como si estuviera loco. “Ehhh, parece que me equivoqué, no estaba soñando”. Sentí el ridículo y seguimos caminando como si nada hubiera pasado.
Llegamos a al hotel, que era una pensión en bastante malas condiciones, y me quedé en una habitación pintada de azul con pintura de aceite, yo solo. Aún estaba dudoso de estar soñando. Me dormí y comencé a soñar que estaba en el fondo de una especie de alberca muy profunda, vacía. Miraba hacia arriba y veía un hombre/sombra, muy musculoso. Decidí que era el momento de eliminiarlo y nos confrontamos en una encarnizada lucha.
Desperté y vi que mi almohada estaba salpicada de sangre, como si me hubiera sangrado la nariz en el sueño, pero miraba a mi alrededor y veía que todas las paredes estaban manchadas de sangre. Me preocupaba porque sería difícil explicar la sangre por todas partes. Y luego cuestioné la sabiduría de haber matado a mi sombra.