Esa misma noche cuando me fui a la cama, soñé que iba al psiquiatra. El doctor tenía la pared llena de diplomas detrás de él. Yo le aseguraba que estaba ahí por equivocación, que yo era una persona perfectamente cuerda y que se lo podía demostrar. “A ver, muéstreme esas libretas que tiene ahí”. Eran mis diarios. Los deslizaba hasta el otro lado de la mesa. El psiquiatra los ojeaba con rostro burlón, “pero qué mamadas son estas, jajaja! Y dice que está cuerdo! Jajajaja! Está loco como una cabra!”. La cabeza casi me explotaba del encabronamiento y la vergüenza que sentía simultaneamente. Le grité hasta de lo que se iba a morir y desperté con una horrible sensación de querer estrangular a alguien. Me quedó una sensación de haber cuarteado la coraza que envuelve al corazón.

De El ego carga la llave para abrir el corazón (2020-07-28).